El Dr. Juan González Figueroa nació en Huánuco en 1885, hijo de un inmigrante español, quien lo envió a Lima, para estudiar en la única facultad de medicina que existía en el país, en
la Universidad de San Marcos. Después de graduarse en 1919, combatió el paludismo, repartiendo a caballo, cápsulas de quinina que el mismo fabricaba para los obreros que construían los ferrocarriles de las haciendas azucareras del Norte, en una época en que aún no contábamos con industria farmacéutica.
Después, como medico titular de Chincha, participó del “boom” algodonero de exportación a
la Europa arrasada por
la Primera Guerra Mundial.
En 1927 retorno a Lima, nombrado Medico titular del “Pueblo de los Ingleses”, actualmente Miraflores (llamado así por su neblina permanente). En sus recorridos descubrió que los pequeños poblados y rancherías que surgían a la vera de las Av. Leguia (hoy
la Av. Arequipa ) a la altura de
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Dr. Juan González Figueroa
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las haciendas Risso y Lobatón, no contaban con servicios médicos, decidiéndose a fundar en 1929, un modesto consultorio y laboratorio de análisis clínicos en
la Av. Ignacio Merino , 7 años antes de la fundación del distrito de Lince. De lunes a Jueves la consulta costaba un sol y los días viernes era gratuita. El laboratorio fue el primero a nivel estrictamente privado en Lima y con los años se hizo famoso por la exactitud de sus resultados, lo que contribuyo a los acertados diagnósticos del Dr. González, cuya fama se extendió. Fueron años de docencia en la población, que rehuia los pinchazos con agujas del grosos de un lápiz. Hacia 1940 llegó a tener un criadero con mas de 200 sapos, para la famosa prueba de Galli-Mainini, donde debía sacrifica uno por cada diagnóstico del embarazo en orina. Cientos de fotografías de Lima antigua, un sector intacto construido en adobe y madera, y un pequeño museo lo recuerdan.
El 1946, su hijo el Dr. ALFONSO GONZALEZ BARRIOS, transformó el local en POLICLINICO, ampliando el laboratorio e incorporando los cultivos debido a la reciente invención de los antibióticos. Además incorporó los novedosos “gabinetes” de radiología, electrocardiografía y silla magnética (que resulto una moda efímera) entre otros.
Su fama de infalible supero con mucho a la de su padre, atendiendo durante 45 años con la misma modestia y espíritu
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Dr. Alfonso González Barrios
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afable y humanitario, un promedio de 40 pacientes diarios, hasta su fallecimiento en 1992 a la edad de 74 años. Su hijo César González transformo el antiguo local de 2 pisos, adquiriendo la categoría de CLINICA desde 1995, pero conservando el espíritu de servicio al prójimo y la tradición humanitaria de la “CLINICA CON ALMA”.
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